EL ELEMENTO METAL: LOS PULMONES Y EL INTESTINO GRUESO (último Elemento de la MTC)

12.02.2015 16:24

"Si uno se imagina un Contenedor humano ideal... ese contenedor energético ideal sería infinitamente expandible,infinitamente contráctil, infinitamente difundible, infinitamente condensable, y sus límites variación desde la rigidez acerada hasta la permeabilidad nebulosa. El milagro consiste en lo cercano que sea el acceso a esa variedad".

JULIE HENDERSON, THE LOVER WITHIN, STATION HILL PRESS, 1986

 

ASOCIACIONES DEL METAL: VALOR, CONDUCTIVIDAD, FUERZA, PRECISIÓN

"El idiograma chino que suele traducirse por "Metal" es, para ser más exactos, "oro", lo cual confiere una dimensión adicional al significado; denota algo de gran valor, que no pierde el brillo, indegradable. El Metal, en forma de oro, ha constituido un síbolo de lo valioso desde los inicios de la civilización y por ello siempre ha sido un medio de intercambio o regateo entre personas, grupos y naciones. También podemos asociar los meridianos del Metal con este significado, pues los Pulmones obtienen el componente más puro y valioso del mundo exterior, el Ki del universo, y el Intestino Grueso se dedica a excretar del cuerpo y la mente lo que ya no tiene ningún valor para el proceso vital del individuo. De esta forma, ambos meridianos del Metal trabajan juntos en la realización de intercambios.

Otra capacidad intrínseca del metal es su capacidad conductible: los cambios de temperatura, el magnetismo, la electricidad, pasan a través del metal con rapidez y de éste a cualquier otra sustancia receptor. En cierto sentido, el metal actúa como un medio a través del cual se envían mensajes y cuya transmisión necesita un cambio de estado. El Shang Shu habla del Metal como de "aquel que se puede moldear y endurecer". Ésta es la cualidad esencial de la energía del Metal, aquélla que puede cambiar su estado y aún así tornar a su estructura primaria. Por tanto, el Metal en nuestra propia estructura energética implica la capacidad de recibir y transmitir mensajes, de comunicarse con el medio ambiente y aún así seguir siendo nosotros mismos. Conduce y conecta.

Otros atributos del Metal en la naturaleza son la fuerza tensora, la densidad, dureza o precisión. Todas estas virtudes lo hacen ideal para fabricar estructuras o instrumentos que requieran precisión en su diseño. El metal proporciona precisión en las mediciones y precisión en las construcciones. Esto también es cierto por lo que al Metal de la mente y el cuerpo se refiere: "El pulmón tiene por oficio el de ministro y ayudante, del cual derivan ritmos bien regulados" (Su Wen, cap. 8)

El ritmo respiratorio es el proceso vital del que más dependemos. Con un ritmo regular como punto de partida, podemos movernos, reorganizar y crear simetría y predictibilidad para estructurar a realidad. En términos psicológicos, la energía del Metal confiere capacidad para originar credos fuertes aunque flexibles para sustentar y regular nuestras vidas; mediante un orden con el cual armonizar el medio ambiente interno y externo.

Cuando la energía del Metal es saludable, somos seres en un estado de intercambio continuo con el universo. No sólo sentimos lo que valemos, sino que sabemos instintivamente que nos hallamos conectados con todo lo que fuera de nuestros límites tiene valor. Tenemos autoestima y capacidad para cambiar al tiempo que mantenemos la armonía con el medio ambiente. Las cualidades, el valor, sea lo que sea que más valoramos, se hallan tanto "aquí dentro" en abundancia como "allí fuera" y estamos seguros de poder conectar.

Por otra parte, si el Metal está desequilibrado esta seguridad desaparece. Tal vez reforcemos nuestros límites con el fin de restringir lo poco que sentimos y evitar nuevas pérdidas, lo cual empeora la capacidad de tomar o eliminar y se termina con un estado de estreñimiento y privación física y mental. O tal vez busquemos más allá de nuestros límites una perfección ideal que perseguimos constantemente por nuestro sentido intrínseco de vaciedad y depreciación".

continuará

del libro "Teoría y práctica del shitasu" de Carola Beresford-Cooke